NFC: qué es y cómo funciona


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NFC, o Near Field Communication, es una tecnología que aunque suene a nueva, lleva ya casi diez años entre nosotros. Podemos entenderla como comunicación por proximidad, aunque el funcionamiento al que nos tiene acostumbrados en sus aplicaciones más recientes apuesta más por el contacto que por la aproximación.

A grandes rasgos, podríamos entender el NFC como un medio para parear dispositivos y realizar transferencias instantáneas de pequeños paquetes de datos. Hay quien ha entendido el NFC como un paso más respecto a lo conocido a través de la tecnología Bluetooth. Pero es un error suponen que el NFC sustituye al Bluetooth: más bien, se complementan y completan.

Si tomamos alguno de los dispositivos que ya equipan el chip NFC —por ejemplo, los Samsung Galaxy S3 o Samsung Galaxy S4, Sony Xperia Z, BlackBerry Z10, Nokia Lumia 920 o HTC One, entre muchos otros—, comprobaremos que gracias a este componente podremos realizar varias tareas. Por ejemplo, un clásico: la transferencia de archivos. No todos los terminales disponen del mismo perfil para esto, aunque no tendremos problema si tratamos de activar esta tarea entre móviles de la misma firma. Manteniendo los sensores NFC de ambos teléfonos activados, basta con que los toquemos por la trasera entre ellos, de modo que queden vinculados. Si en uno de ellos mantenemos un vídeo, fotografía, pista musical u otro tipo de archivo en primer plano, éste pasará al otro dispositivo tras realizar el contacto.

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Otra de las funciones vinculadas al chip NFC también tiene que ver con la transferencia de datos, aunque de una forma más sofisticada. Por ejemplo, gracias a la tecnología de comunicación por contacto podríamos vincular un teléfono con dispositivos inalámbricos, como altavoces o auriculares. Bastaría con que se tocaran entre ellos para que la señal de audio que sale por el móvil pasara directamente a escucharse por el accesorio que eligiésemos. Pero ahí no se cierra el potencial de la tecnología NFC.

Una de las utilidades que quizás pasen más desapercibidas entre los usuarios de móviles equipados con esta opción es la que llega de la mano de las llamadas NFC Tags, o etiquetas NFC. Éstas se identifican, a primera vista, como unos pequeños recortables de cartón. No obstante, en su interior llevan a su vez un diminuto dispositivo que se compone, básicamente, de un chip NFC y una memoria que almacena perfiles. Estos perfiles son comandos que podemos personalizar para que el móvil equipe una configuración determinada de forma instantánea. Para ilustrar su utilidad, podríamos llegar a personalizar NFC Tags que hagan que nuestro smartphone, al contacto con ella, pase a conectarse a una red Wi-Fi en particular, entre en modo silencioso y abra determinadas aplicaciones. Con otra etiqueta daríamos la orden al terminal para apague el GPS y el Bluetooth, active la vibración y programe una alarma a una hora en concreto. Las combinaciones que brindan las NFC Tags sólo están limitadas por la imaginación del usuario, en cierto modo.

Pero sin duda, lo que resulta más llamativo de la tecnología NFC en móviles es el mundo que se abre cuando permite que el teléfono se convierta en una llave o terminal de acceso para determinadas operaciones. Dentro de este apartado, la posibilidad de realizar pagos con el móvil o usar éste para poder abrir puertas, así como autorizar el paso en zonas con tornos, se antoja especialmente atractiva. Respecto a lo primero, la penetración de los servicios de pagos con el móvil está resultando demasiado lenta, aunque ya hay establecimientos y servicios que permiten abonar minutas y facturas recurriendo al contacto con el teléfono. La idea es que nuestro terminal esté vinculado a una cuenta bancaria o una pasarela de pago online —como Google Wallet o PayPal— que permita realizar el pago. Samsung y Vodafone trabajan juntos en un servicio dedicado al servicio de taxis, y las tres grandes operadoras disponen de una hoja de ruta para satisfacer servicios similares en establecimientos de todo tipo a través de entidades bancarias y financieras.

Respecto a lo segundo, podríamos decir que la utilidad que convierte nuestro teléfono con NFC en una llave o terminal de acceso ante tornos viene a operar de un modo similar a lo que hemos descrito a través de las etiquetas. Se trata en esencia de equipar el móvil con un archivo que sirve para validar el paso, ya sea cuando queramos abrir la puerta de una habitación de hotel —como cuando usamos la tarjeta que nos proporcionan en recepción— o para desbloquear un torno.

En resumidas cuentas, la tecnología NFC permite dilatar el potencial de comunicaciones de nuestro móvil, haciendo que no sólo amplíe la concentración de funciones que viene desarrollándose desde hace unos años, sino que además haga más rápidas tareas que ya estábamos acostumbrados a realizar. Eso sí, aunque muchas de las operaciones disponibles gracias al chip NFC suenan a pura vanguardia, conviene recordar que la finlandesa Nokia ya explotó algunas de las posibilidades de esta tecnología en terminales que hoy entenderíamos como prehistóricos, allá por el año 2004, como los Nokia 3220 o Nokia 6131.

 

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